martes, 23 de octubre de 2007

Indicaciones y contraindicaciones en la práctica lacaniana, Ricardo D. Seldes

Indicaciones y contraindicaciones en la práctica lacaniana
Ricardo D. Seldes



Partiremos de una premisa lacaniana: no hay contraindicaciones a priori al psicoanálisis.

Freud señaló después de 20 años de ejercicio, que en ciertos casos se verificaba la inaplicabilidad del psicoanálisis, por la refracción de ciertos síntomas, por resistencias internas, y también por lo que llamó obstáculos externos. Desde entonces se han realizado múltiples listas con criterios que han excluido pedidos de psicoanálisis, que pueden resumirse en dos: la no posibilidad de su aplicación y la no conveniencia de hacerlo.

Nuestra premisa inicial, no hay contraindicaciones a priori, es la apuesta de la práctica lacaniana, que tiene sus propios principios indicativos, sin que ellos impliquen una restricción segregativa ni una apertura indiscriminada al “vale todo”.

Introducir a un sujeto al discurso analítico requiere al menos de ciertas advertencias: la efectivización de la regla fundamental produce por lo general un sentimiento de liberación que en algunos puede inducir al pasaje al acto. Es el analista quien debe evaluar la autorización a la libre asociación. J-A. Miller ha recordado en una conferencia en Caracas el peligro que hay en introducir en la cura psicoanalítica a un sujeto débil: se trata de un sujeto vacilante con respeto a los sistemas simbólicos, en particular con respecto al sistema de interdicción. Si un tal sujeto flotante, es introducido al permiso analítico, el riesgo es que se deslice totalmente; cuando a la debilidad del sujeto se agrega el permiso psicoanalítico, se obtiene lo que Lacan llama un canalla, es decir, un sujeto al que nada detiene. Luego, un cierto número de catástrofes podría ocurrir. Agregamos, por supuesto otra contraindicación expresamente formulada por Lacan al inicio de su enseñanza, “una linda y hermosa psicosis, psicosis alucinatoria, no hablo de una esquizofrenia precipitada, se desencadena luego de las primeras sesiones de análisis un poco movidas; a partir de entonces el bello analista se transforma rápidamente en un emisor que le hace escuchar todo el día al paciente qué debe y qué no debe hacer.” El bello analista, es el alma bella que no puede desentenderse de las consecuencias de su acción.

Es preciso tomar en cuenta diversos parámetros para poder ordenar el estudio de esta problemática: el ensanchamiento de las perspectivas terapéuticas ha ampliado el rango de la posibilidad-conveniencia, desplazando el problema del psicoanálisis puro a su aplicación en diversos campos: interesa el encuentro con un analista.

En el “otro psicoanálisis”, los ortodoxos debían armar listas exhaustivas de los criterios de inanalizabilidad: importa tratar de alcanzar su lógica, teniendo en cuenta que fundamentalmente sostenían las condiciones de posibilidad de un tratamiento, es decir la instalación de la neurosis de transferencia y su posterior análisis.

En Variantes de la cura tipo leemos que “el mantenimiento de las normas cae más y más en el orbe de los intereses del grupo, como se manifiesta en los Estados Unidos donde ese grupo representa un poder. Su conclusión, se trata menos de un estándar que de un standing.” En la actualidad los analistas americanos, en la medida en la que se encuentran desencantados del psicoanálisis, (Freud ha muerto para ellos) desdeñan el uso de todo criterio: no pueden restituir el sentido de las reglas técnicas, cuya virtud indicativa resaltó Lacan.

Tomemos un pequeño slogan, cada uno en su práctica, la que se juega en el secreto de consultorio, sobre la que es difícil saber lo esencial, y que la hace imposible de estandarizar. Es evidente que la pregunta acerca de las contraindicaciones del análisis no se plantearía si no tuviésemos presente tal caso de nuestra práctica, o de la práctica de nuestros colegas. Un examen de la casuística lacaniana promete sacar a la luz las razones de nuestro accionar no estandarizado cuando por ejemplo tomamos en análisis a parientes y amigos de nuestros pacientes: ¿solamente los lacanianos lo hacemos? ¿cuándo, por qué sí, por qué no?

A partir de la conceptualización del deseo del analista, hay contraindicaciones para los lacanianos: por ejemplo que el analista coloque su propio objeto parcial, su agalma, en el paciente con quien trata.

En todo caso el estudio de las indicaciones y contraindicaciones nos permite pensar cómo cernir lo real en juego en la experiencia analítica.

Fuente: nel-amp.com/papers/seldes08.doc

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