jueves, 10 de noviembre de 2016

CONSISTENCIAS PARA EL CUERPO


CONSISTENCIAS PARA EL CUERPO,
por Claudio Spivak


El púber Kimitake Hiraoka se enfrenta a una estampa que encuentra en un libro. Se trata de una reproducción del “San Sebastián”, de Guido Reni. Años más tarde, ya se dedica a las letras y ha permutado su nombre por el de Yukio Mishima. 

Cuando rememora ese encuentro, escribe:

“Aquel día, en el instante en que mi vista se posó en el cuadro, todo mi ser se estremeció de pagano goce. Se me levantó la sangre y se me hincharon las ingles como impulsadas por la ira. Aquella parte monstruosa de mi ser que estaba a punto de estallar esperó que la utilizara, con un ardor sin precedentes, acusándome por mi ignorancia, jadeando indignada. Mis manos, de forma totalmente inconsciente, iniciaron unos movimientos que nadie les había enseñado. Sentí que algo secreto y radiante se elevaba, con paso rápido, para atacarme desde dentro de mí. De repente estalló y trajo consigo una cegadora embriaguez...”

El fragmento corresponde a “Confesiones de una mascara”, texto que será comentado por Paul Matis, en noviembre de 1974, durante el VII Congreso de la Escuela Freudiana de París.

Goce anómalo al cuerpo. En la Conferencia conocida como La Tercera 1), luego de señalar al plus de gozar como condición de cualquier goce, Lacan indica que es algo notorio que el goce fálico deviene anómalo para el goce del cuerpo. Y queriendo hacer entender el goce fálico, definido como fuera-del-cuerpo, recurre a un ejemplo que escuchó en el Congreso. Se trata del recuerdo del escritor Mishima, que fuera presentado por Matis. 

Lacan explica que esa eyaculación debe de haberlo pasmado a Mishima. Y agrega que se trata de algo que vemos todos los días, tipos que cuentan que nunca olvidarán su primera masturbación. Eso que por su intensidad revienta la pantalla. 

Dicha pantalla, un tanto enigmática, hace referencia al cuerpo como imagen. Entonces, Lacan pasará a decir que el cuerpo entra en la economía del goce, por medio de la imagen del cuerpo. La relación del parlêtre con su cuerpo es imaginaria, lo cual explica el alcance que adquiere la imagen en esta relación. El hombre está captado por la imagen de su cuerpo.

Explica, por ejemplo, que a su mundo, el hombre él lo corpo-reifica, esto es, lo hace cosa a imagen de su cuerpo. Sin embargo, nos dirá Lacan, el hombre no tiene la menor idea de lo que sucede en ese cuerpo(2). 

Angustia y goce fálico. Al poco tiempo, el 17 de diciembre de 1974 (3), Lacan pone a la angustia en relación al goce fálico, ese goce anómalo al goce del cuerpo(4). Señala que la angustia, “es lo que del interior del cuerpo ex-siste cuando hay algo que lo despierta, que lo atormenta”. Tal como venimos señalando el goce fálico queda del lado de lo que ex-siste al cuerpo, como un fuera-del-cuerpo. En el nudo borromeo lo que ex-siste al cuerpo, al campo que constituye al cuerpo, es el goce fálico. Eso despierta y atormenta al cuerpo. 

En contigüidad Lacan hará una mención al caso Hans. Nos indica ver que sucede en Hans, cuando se vuelve sensible la asociación de un cuerpo macho, es decir sexuado, a un goce fálico. Allí surge la angustia. Y luego se precipita la fobia. En el caso de Hans la precipitación en la fobia se da para otorgar cuerpo al embarazo que tiene por ese falo.

Entonces, antes del principio de la fobia, tenemos a Hans en la angustia, angustia “pura”. Desde allí es que Hans, “como todos”, se encuentra llevando su carga: ese falo. 

A ese falo, Hans como todos los que se encuentran llevando su carga, es preciso que se acomode, siendo que está casado con él.

Angustia y droga. Algo después, el 13 abril de 1975 (5), Lacan señala que la angustia está localizada en un momento preciso del desarrollo del bicho humano. La angustia de la que se trata se deriva de la existencia del nudo. Para ejemplificarlo vuelve a traer al caso Hans. Y ubica el momento del desencadenamiento de la angustia: es cuando Hans se da cuenta que esta casado con su pito. En ese pito que se hincha se advierte que no hay nada mejor para hacer de falo. Agregamos, para dar cuenta de ese goce fálico.

Lacan ubica el surgimiento de la angustia en relación al descubrimiento de saberse casado con “ese pito”. Y allí, el que está casado, está afligido, aquejado. Para la angustia del afligido, todo lo que permite escapar a ese casamiento es bien recibido. Y de esto deriva el éxito de la droga. De permitir escapar de ese matrimonio angustioso. No hay ninguna otra definición de la droga, nos dice, que ésta: “es lo que permite romper el casamiento con la cosita de hacer pipí”.

Este hapax, esta única mención de Lacan, orienta hacia un hacer con la angustia que es diversa de la encontrada por el pequeño Hans, quien logró domar, aunque sea en parte, a ese órgano, a eso traumático sexual, con palabras. Esas palabras, provistas por el padre de Hans, que oficia como intermediario de las palabras de Freud, lo conducen hacia la operación de la castración.

En el Seminario XXIII, a pocos meses de esta intervención, Lacan se refiere al cuerpo del parlêtre. Allí nos dice que el cuerpo del parlêtre a cada rato “levanta campamento”. Cuando Lacan comienza a trabajar con los nudos, elige a la consistencia como lo opuesto a la función del sujeto, que es una función evanescente. Siguiendo esta linea, la primera y única consistencia del parlêtre, es su cuerpo. El cuerpo es la única consistencia en el sentido de lo que “lo mantiene unido”. Pero el cuerpo hablante aparece marcado por la inconsistencia. Clínicamente esta inconsistencia puede, inclusive, presentarse bajo el modo del cuerpo que se “deja caer”(6), así como en ciertas formas de angustia.

Si el cuerpo aparece como inconsistente, acaso en lo que sigue de la Conferencia que estamos tratando, podamos concebir otro modo en que el parlêtre encuentre una consistencia. Y ese modo pareciera derivarse del uso de la droga, siguiendo esta definición: aquello que permite romper el casamiento del cuerpo y ese pito que se hincha.

Mas adelante, Lacan señala que lo imaginario tiene por soporte el tener un cuerpo. Y si lo imaginario puede tener consistencia es en tanto ese cuerpo se desanuda del goce fálico. Aquí la angustia, relativa al encuentro del cuerpo con el goce fálico, hace que el cuerpo pase a inconsistir, afectándolo como soporte de lo imaginario. El camino posibilitado por la droga, entonces, es el desanudamiento del goce fálico, modo en que el cuerpo volvería a encontrar consistencia. 

Otro modo diverso de encontrar la consistencia del cuerpo nos la menciona mas adelante. Explica Lacan que en la medida que opera la castración, donde hay menos de falo, es que subsiste lo imaginario. Es preciso, entonces, que el goce fálico se separe en lo imaginario, trayendo un menos de falo, en la operación que se llama la castración(7).

Notas:
1) Jacques, Lacan, “La tercera”, En Revista Lacaniana de Psicoanálisis. Año IX. N° 18, mayo de 2015
2) Conferencia sobre el Síntoma en Ginebra. En Intervenciones y Textos 2. Ediciones Manantial. 1988-
3) El Seminario de Jacques Lacan. Libro XXII: “R.S.I.”. Inédito.
4) Ya en el seminario XXI, en las últimas dos clases, había desarrollado la anomalía que introducía el goce fálico, como goce semántico, al goce del cuerpo.
5) Cierre de Jornadas de Estudio de Carteles de la Escuela Freudiana. En Revista Lacaniana de Psicoanálisis. Año IX. N° 17, noviembre de 2014
6) Mandil, R. Parlêtre y consistencia corporal, en https://www.congressoamp2016.com/pagina.php?area=8&pagina=48
7) Miller, Jacques-Alain. El inconsciente y el cuerpo parlante. En Revista Lacaniana de Psicoanálisis. Publicación de la 8)Escuela de Orientación Lacaniana. Año IX. N° 17, noviembre de 2014.
 
Extraido de: http://ampblog2006.blogspot.com.ar/2016/05/consistencias-para-el-cuerpo-por.html

domingo, 31 de octubre de 2010

Apertura de la sección clínica, Jacques Lacan, 1976

Apertura de la sección clínica
Jacques Lacan, 1976

¿Qué es la clínica psicoanalítica? No es complicado, la clínica tiene una base: es lo que se dice en un psicoanálisis.
En principio, uno se propone decir cualquier cosa, pero no desde cualquier sitio: desde lo que por esta noche llamaré el diván (dire-vent) analítico. Este viento (vent) posee valor propio: cuando se criba (quand on vanne), hay cosas que echan a volar. También es posible jactarse (se vanter), jactarse de la libertad de asociación, así llamada.1
¿Qué quiere decir libertad de asociación siendo que, por el contrario, se especula con el hecho de que la asociación no es libre en absoluto? Es cierto que tiene un pequeño juego, pero serra errado pretender ampliarlo hasta considerar que uno es libre. ¿Qué quiere decir el inconsciente sino que las asociaciones son ineludibles? E1 dicho no se socia (ne se socie pas) al azar. Lo que damos por seguro es que el dicho se socia: cada vez que no se disocia, lo cual es concebible, a fin de cuentas, pero desde luego que no es libre por estar disociado. Nada más forzoso que el estado de disociación cuando se lo imagina rigiendo lo que llaman relación con el exterior.
Dije el exterior. Se pretende que este exterior sea un mundo. Pues bien: la presuposición del mundo no está enteramente fundada, el mundo está más mondado de lo que se cree. Está cosmografiado.
La palabra cosmos posee efectivamente su sentido, lo ha conservado, muestra su huella en diversos modos con que hablamos del cosmos, se habla de cosméticos... El cosmos es lo bello. Es lo hecho bello, ¿por obra de qué cosa? En principio, por lo que llamamos la razón. Pero la razón no tiene nada que hacer con el "hacer bello", que es un asunto ligado a la idea de cuerpo glorioso, la cual se imagina algo de lo simbólico a lo imaginario. Pero es un cortocircuito. Hace falta Erwin Rhode para darse cuenta de esa especie de debilidad mental de la que nacen estas supercherías (mômeries). Con eso se hacen las momias (momies). Prueba de que la increíble creencia de que el cuerpo sigue durando con forma de alma está arraigada desde hace muchísimo tiempo.
Todo esto es muy contemporáneo de lo que llamamos el saber. Se trata del inconsciente. Y no es brillante: hay que hacer un esfuerzo para no creer que uno es inmortal. Vean lo que he radiofonizado al respecto en Scilicet, donde me he ejercitado (rhodé).2
Por lo tanto, hay que clinicar. Es decir, acostarse. La clínica está siempre ligada a la cama: se va a ver a alguien acostado. Y no se encontró nada mejor que hacer acostarse a aquellos que se of recen al psicoanálisis, con la esperanza de sacar de eso un beneficio, el cual no está previsto de antemano, hay que decirlo. Es indudable que el hombre no piensa del mismo modo acostado o de pie, aunque sólo fuera por el hecho de que en posición acostada hace muchas cosas, en particular el amor, y el amor lo arrastra a toda suerte de declaraciones. En la posición acostada, el hombre tiene la ilusión de decir algo que sea decir, es decir, que importe en lo real.
La clínica psicoanalítica consiste en el discernimiento de cosas que importan y que cuando se haya tomado conciencia de ellas serán de gran envergadura. La inconsciencia en que se ha caído respecto a esas cosas que importan no tiene absolutamente nada que hacer con el inconsciente, que con el tiempo crer mi deber designar como una-equivocación (de l'une-bévue). no es de ningún modo suficiente con que uno sospeche de su inconsciente para que éste retroceda, serra demasiado fácil. Lo cual no quiere decir que el inconsciente nos guíe bien.
¿Una equivocación, necesita ser explicada? Con seguridad que no. Simplemente, el psicoanálisis supone que estamos avisados del hecho que una equivocación siempre es de orden significante. Hay una equivocación cuando uno se confunde de significante. Un significante pertenece siempre a un orden más complicado que un simple signo. No por escribirse en signo es un signifcante menos verdadero. Por ejemplo, una flecha que indica la orientación es un signo, pero no es un significante. A1 escribirse, un significante se reduce en el alcance de lo que significa. Lo que significa posee, en efecto, poco más o menos, cualquier sentido en una lengua dada. Para evaluar la cuestión tomen, por ejemplo, el sentido de la palabra devoir (deber) en francés: debe y haber, el deber entendido en el sentido de las costumbres, lo debido... ¿Qué sentido dar a lo que Freud introdujo en su Traumdeutung, donde amasó su inconsciente, sino que hay palabras que se representan ahí como pueden?
Debo decir que, aunque se nos haya querido hacer de Freud un escritor, la Traumdeutung es excesivamente confusa. Es incluso algo tan confuso que no se puede decir que sea legible. Me gustaría saber si alguien la leyó realmente de punta a punta. Yo, por deber, me impuse esta obligación. En todo caso, traducido al francés, no tiene las mismas cualidades que en alemán. En alemán se sostiene, pero no por eso hace más clara la noción de inconsciente, del Unbewusst.
Conocen ustedes el esquema. Al comienzo está la Wahrnehmung -que en alemán sirve para designar la percepción- y después algo pasa, hace progresos, hay diferentes capas de Wahrnehmung, a continuación de lo cual está el UBW, el inconsciente, y después el Vorbewusst, el preconsciente, y de ahí eso pasa a la conciencia, Bewusstsein. Pues bien: he de decir que hasta cierto punto yo he vuelto a armar lo que dice Freud. Si hablé de "retorno a Freud" es para que nos convenzamos de cuán cojo es. Y me parece que la idea de significante explica sin embargo cómo es que eso marcha.
El significante no significa absolutamente nada. Así expresó la cosa Saussure: él habló de arbitrariedad y, en efecto, no hay ninguna clase de vínculo entre un significante y un significado, sólo hay una suerte de sedimento, de cristalización que se cumplen y que tanto puede calificarse de arbitraria como de necesaria, en el sentido con que Benveniste esgrimía la palabra. Lo necesario es que la palabra tenga un uso, y que este uso esté cristalizado, cristalizado por esa mixtura que es el nacimiento de una nueva lengua. No sabemos cómo, pero al final hay una cierta cantidad de personas que hacen uso de ella. ¿Qué es lo que determina el uso que se hace de una lengua?
Es un hecho la existencia de esa cosa que, retomando un término de Freud, yo llamo condensación. Lo curioso es que la condensación deja la plaza al desplazamiento. Lo que es contiguo no elimina el resbalón, es decir, la continuidad. La Traumdeutung no es, en modo alguno, lo que uno se imagina. Se lo tradujo por la Science des Rêves (La ciencia de los sueños); después, una dama corrigió a Meyerson y lo llamó L'Interpretation des rêves (La interpretación de los sueños). Pero en realidad, se trata de la Deutung; bedeuten aquí no hace otra cosa que redoblar la equivocación y, en efecto, por lo que concierne a la referencia, bien se sabe que la equivocación es habitual. Deuten quiere decir (Deuten veut dire) el sentido, esto es lo que de-veut-dire. Estos jueguecitos entre el francés y el alemán sirven para elasticizar (élasticiser) el parloteo, pero el parloteo conserva todo su pegote.
La lengua, sea más o menos la que fuere, es goma de mascar. Lo inaudito es que conserve sus trucos. Estos se han vuelto indefinibles a causa de lo que llaman lenguaje, y por eso me permití decir que el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje. Un psicoanalista no puede dejar de tomar en consideración a la linguística-a la ex-sistencia del significante en la linguística-, pero ella deja escapar cómo se mantiene la verdad en lo que es preciso decir que es su lugar, su lugar topológico: razón por la cual me he permitido hablar de toros, en una época.
El inconsciente, pues, no es de Freud; tengo que decirlo: es de Lacan. Lo cual no quita que el campo, por su parte, sea freudiano.
E1 sueño difiere (différe), différeud, de diferenciar de manera no manifiesta, por cierto, y completamente enigmática-basta con ver el trabajo que Freud se toma-lo que efectivamente hay que llamar una demanda y un deseo. E1 sueño demanda cosas, pero tampoco aquí le sirve a Freud la lengua alemana, porque no encuentra otro medio para designarla que el de llamarla anhelo (souhait), Wunsch, lo cual está, en definitiva, entre demanda y deseo.
Para cada cual, no se sabe por qué vía, de esas primeras palabras oídas viene caminando algo que hace que cada cual tenga su inconsciente. Por tanto Freud tenía razón, pero no se puede decir que él haya aislado verdaderamente el inconsciente, que lo haya aislado como lo hago yo mediante la función que he llamado de lo simbólico, y que está indicada en la noción de significante.
Suponer que la clinica psicoanalítica es eso, muestra una dirección a quienes se consagran a ella. Hay que decidir: el inconsciente, ¿es, si o no, lo que en su momento llamé blabla? Es difícil negar que Freud, a lo largo de toda la Science de Rêves, no habla más que de palabras, de palabras que se traducen. En esta elucubración del inconsciente no hay más que lenguaje. Freud hace linguistica sin saberlo, sin tener la menor idea. Incluso llega a preguntarse si el sueño tiene una forma de expresar la negación; primero dice que no, en lo que respecta a las relaciones lógicas, y después dice que el sueño encuentra, sin embargo, un truco para indicar la negación. ¿Existe el no en el sueño? Pregunta que Freud deja en suspenso y sobre la cual, no cabe duda, se contradice. Esto no es suficiente para que allí le pesquemos, pero sigue siendo muy llamativo que la clínica psicoanalítica no esté más afirmada. ¿Por qué no se le pide razón al psicoanalista sobre la forma en que se dirige en este campo freudiano?
Como se ve, esta noche no estoy caliente-caliente para decir que cuando se hace psicoanálisis uno sabe a dónde va. E1 psicoanálisis, como todas las otras actividades humanas, participa indiscutiblemente del abuso. Se actúa como si se supiera algo. Sin embargo, no es tan seguro que la hipótesis del inconsciente tenga más peso que la existencia del lenguaje.
Esto es lo que queria decir hoy.
Propongo que la sección que en Vincennes se intitula "de la clinica psicoanalitica" sea una manera de interrogar al psicoanalista, de apremiarlo para que declare sus razones.
Que quienes encuentren algo para decir sobre lo que he afirmado esta noche, lo declaren.


Preguntas y Respuestas

Marcel Czermak: En la breve nota que usted redactó con destino a esta Sección clinica, escribe que la clínica es "lo real en cuanto que es lo imposible de soportar".

Jacques Lacan: Lo escribí, y no reniego de las cosas que he escrito. Eso me traería complicaciones.

M. C.: Pero también se toma a la clínica en una dialéctica de palabra, y esto no carece de relación con la verdad.

J. L.: Lo más extraordinario es que Freud, que alguien le diga la verdad, nunca se lo cree. Basta leer la Traumdeutung para darse cuenta de que él jamás cree que podrá alcanzar la verdad. Decir que la verdad está enlazada a esas especies de nudos, a esas cadenas que yo hago, explica precisamente la parte extraviada de la búsqueda, en la Traumdeutung, de lo que es verdaderamente la verdad. La verdad no carece de relación con lo que denominé lo real, pero se trata de una relación poco sólida. La forma más clara en que se manifiesta la verdad es la mentira: no hay analizante que no mienta sin parar, hasta en su buena voluntad de caer justo dentro de los cuadrados que Freud trazó. Esto explica por qué la clínica psicoanalítica consiste en volver a cuestionar todo lo que Freud dijo. Así lo entiendo yo, y así lo pongo en práctica en mi propio bla-bla.

M. C.: Por un lado el registro simbólico es enumerable, por el otro...

J. L.: En el diccionario hay un cierto número de palabras, pero que no alcanzan a dar cuenta del uso de la lengua.

M. C.: Por otro lado, lo real es más bien difícilmente enumerable. Entonces, ¿cómo puede ser la clinica objeto de una transmisión?

J. L.: De acuerdo. Una de las cosas que omití poner de relieve es que hay un campo que designé con el nombre de goce del Otro, goce que debe representarse por lo que es, o sea, como inexistente. Lo que haría falta es dar cuerpo-hay que decirlo- a ese goce del otro ausente, y hacer un pequeño esquema donde lo imaginario se hallaría en continuidad con lo real. Es manifiesto que lo imaginario forma parte de lo real, el hecho de que haya cuerpos forma parte de lo real. Sobre el hecho de que hay vida podemos cogitar y hasta elucubrar locamente-esto no es peor que cualquier otra cosa, el ADN y su doble hélice-; de todos modos sólo a partir de aquí puede concebirse que hay cuerpos que se reproducen. Por tanto, los cuerpos forman parte de lo real. Con respecto a la realidad del cuerpo que sueña y que sólo sabe hacer eso, con respecto a esa realidad, es decir, a su continuidad con lo real, lo simbólico es providencialmente lo único que le da su nudo a este asunto, lo único que de todo eso hace un nudo borromeo.

Jacques-Alain Miller: ¿Exigen las mismas categorías, los mismos signos, la clínica de las neurosis y la clínica de las psicosis? ¿Entiende usted que una clínica de las psicosis puede arrancar de una proporción como: "el significante representa al sujeto para otro significante", con lo que de ésto se deduce en cuanto al objeto a? ¿ |S_barrado|, a, S1 S2, son términos apropiados para la clínica del psicótico?

J.L.: La paranoia, quiero decir la psicosis, es para Freud absolutamente fundamental. La psicosis es aquello ante lo cual el analista en ningún caso debe retroceder.

J. A. M.: En la paranoia, ¿representa el significante al sujeto para otro significante?

J. L.: En la paranoia el significante representa a un sujeto para otro significante.

J.-A. M.: ¿Y puede usted situar ahí "fading", objeto a...?

J. L.: Exactamente.

J.-A. M.: Habría que demostrarlo.
J. L.: No hay duda de que habría que demostrarlo, es cierto, pero no lo demostraré esta noche.

Solange Faladé: ¿Qué hay que pensar del final de un análisis en un paranoico si ese final es la identificación con el síntoma?

J. L.: Es muy cierto que no sólo el paranoico se identifica con el síntoma sino que además el analista también se identifica con él. El psicoanálisis es una práctica delirante, pero es lo mejor de que se dispone actualmente para hacerle tener paciencia a esa incómoda situación de ser hombre. En todo caso, es lo mejor que encontró Freud. Y él sostuvo que el psicoanalista nunca debe vacilar en delirar.

Otro participante: Usted incluso dijo una vez que era psicótico.

J. L.: Sí, en fin, ¡trato de serlo lo menos posible! Pero no puedo decir que esto me sea útil. Si fuera más psicótico probablemente sería mejor analista. Lo mejor que hizo Freud fue la historia del Presidente Schreber. Se mueve ahí coma pez en el agua.

J.-A. M.: Ahi no se puso junto a una cama sino que tomó un texto.

J. L.: Es bien cierto. No fue a hacerlo charlar al Presidente Schreber. De todos modos, nunca es más feliz que con un texto.

J.-A. M.: Me queda algo por preguntarle concerniente a la práctica de la psicoterapia, de la que tendremos que hablar en esta Sección clínica. No hace mucho usted soltó, sin vueltas, esta fórmula: "La psicoterapia lleva a lo peor". Esto debería implicar que uno no puede decirse "lacaniano" y "psicoterapeuta" a la vez. Me pregunto hasta qué punto esto es tomado en serio y, a decir verdad, hasta qué punto usted toma en serio lo que dijo.

J. L.: Dije eso con seriedad.

J.-A. M.: ¿Las psicoterapias no valen la pena?

J. L.: Seguro, terapiar lo psíquico no vale pena. Freud también lo pensaba. El pensaba que no había que apresurarse a curar. No se trata de sugerir ni de convencer.

J.-A. M.: Y además pensaba que para el psicótico esto no era posible, pura y simplemente.

J. L.: Exactamente.

¿Nadie más va a entrometerse en esto? La clínica psicoanalítica debe consistir no sólo en interrogar al análisis, sino en interrogar a los analistas, de modo que éstos hagan saber lo que su práctica tiene de azarosa, y que justifique a Freud el haber existido. La clínica psicoanalitica debe ayudarnos a relativizar la experiencia freudiana. Es una elucubración de Freud. He colaborado en ella pero ésta no es razón para que me apetezca. Con todo, hay que darse cuenta de que el psicoanálisis no es una ciencia, no es una ciencia exacta.


Texto establecido por J.-A. Miller
Publicado en Ornicar?, 9, abril de 1977
Traducción: Irene Agoff.

NOTAS

1 Múltiple juego de palabras fundado en varias paronomasias. Direvent, literalmente, "decir-viento", suena como clara deformación de divan, "diván". De aquí los deslizamientos a vent, "viento", vanner, "cribar" y se vanter, "jactarse". (N. del T.)

2 En el original, "où je me suis rhodé", donde, por la reciente alusión a Erwin Rhode, se modifica la ortografía del verbo roder, que hemos traducido por "ejercitar", en una de sus acepciones. (N. del T.)