lunes, 28 de mayo de 2007

Sufrimientos y beneficios de la angustia, de Flory Kruger

Sufrimientos y beneficios de la angustia
Flory Kruger
Cuando nos acercamos al tema de la angustia nos encontramos con muchos modos posibles de abordarla, si buscamos una definición, encontraremos muchas, ninguna definitiva, ninguna que no sea relativa a una perspectiva clínica diferente que Lacan toma para abordar el tema. Así, la angustia se relaciona con el objeto, conocemos la definición de Lacan cuando dice que la angustia no es sin objeto, también nos encontramos con la definición de la angustia y su relación con el deseo del Otro, otra, se refiere a la angustia y la falta, cuando falta la falta; la angustia y el fantasma, mas precisamente, la vacilación fantasmática como causa de la angustia, la angustia y su relación con el síntoma, la angustia y el pasaje al acto, la angustia como lo que no engaña, y esto sólo por nombrar algunas.
Pero lo que la clínica nos muestra sin ninguna duda, es que la angustia es la causa más conocida, más habitual que acerca a quien la padece al análisis.
"Yo no quería matarme, no quería morir, lo que quería era dejar de sentir esta angustia que me resultaba insoportable. Lo había intentado todo, consultas a distintos profesionales, finalmente un psiquiatra me indicó una medicación que fue la que me tomé para terminar con la angustia".
Este es el relato de una mujer de 46 años que me consulta luego de salir de una internación por un intento de suicidio. Relata la causa de su angustia a partir de un desengaño amoroso, su pareja, con quien convivía desde hacía 15 años le plantea la necesidad de tomar distancia por un tiempo. Ella, luego de hacer la pregunta típica en estos casos, ¿hay otra mujer en tu vida? y obtener una negativa rotunda, soporta bien el alejamiento hasta que días después, caminando por la calle encuentra a su pareja con otra mujer.
Esta contingencia desata lo imposible de soportar, inundada en una angustia incontrolable, busca sacársela de encima, tomando todo lo que encuentra a su mano. Su hermano la encuentra esa misma noche en estado de inconsciencia, logran salvarle la vida.
Freud explicaría este caso a partir de la pérdida del objeto, también podría interrogarse un diagnóstico diferencial entre duelo y melancolía, en la medida en que se trata de la reacción frente a la pérdida del objeto amado, pero con una salida particular a través del intento de suicidio, lo que nos evoca la famosa frase freudiana: "la sombra del objeto recae sobre el yo".
Desde Lacan en cambio, podemos decir que la angustia surge frente a la presencia de la otra mujer al lado de su pareja, ¿no es acaso éste un ejemplo de la angustia cuando falta la falta? La otra mujer la desaloja de su lugar, pero al mismo tiempo, completa al Otro, ya no hay un lugar en reserva para ella, sino que el Otro aparece sin falta y es lo que la precipita al pasaje al acto. Para Lacan, tanto el acting - out como el pasaje al acto son tentativas de sacarle a la angustia su certeza.
El sujeto necesita que el Otro tenga un hueco para ubicarse allí como su objeto imaginario. Para nuestro caso, durante 15 años, el sostener su ser como la mujer del Otro, arma su fantasma. La visión sorpresiva de la otra mujer, hace vacilar su fantasma, desatando una angustia incontrolable que la conduce al pasaje al acto, identificándose a un objeto de desecho.
Comentaré otro caso que en apariencia es exactamente lo opuesto a este.
Se trata de una mujer de 43 años, que viene de otro análisis donde estuvo varios años. Dice haber resuelto muchos temas de su vida pero el nudo central que la llevó a la primera consulta, no fue modificado: "la angustia por la pérdida del sentido de su vida".
"No me falta nada, cualquiera que me conoce y sabe acerca de mi vida, no puede comprender porque sufro tanto si tengo todo lo que a otra persona podría hacerla feliz. Tengo momentos en los cuales pierdo el sentido de la vida. Tengo 3 hijos maravillosos, un marido excelente, conformamos una familia hermosa, estudio lo que quiero, no tengo premuras económicas, soy deportista y me va bien en todo lo que hago, sin embargo en muchos momentos pierdo el sentido de la vida y me sobreviene una angustia desesperante, busco algún lugar de donde poder agarrarme pero nada me sirve, cuando se me caen todos los sentidos busco ligarme a algo, pero me resbalo como si estuviera en un palo enjabonado y siento que caigo en un pozo profundo. Al mismo tiempo, dejo de comer, no puedo probar bocado, me ataca un fuerte dolor de cabeza que me dura muchos días llegando a sentir mareos y ganas de vomitar, es como si el cuerpo mismo me estallara".
Comparándolo con el caso anterior donde la angustia surge cuando falta la falta, nos encontramos frente a una mujer que dice tenerlo todo, y sin embargo, entra en estados de angustia sin medida cuando pierde el sentido de la vida.
La pérdida del sentido es la forma que adopta en ella la confrontación con ese punto donde el Otro muestra su ausencia al no dar ninguna respuesta frente al sentido perdido. Busca en el Otro lo que no puede encontrar, se trata de la angustia frente a la inexistencia del Otro, lo que nos conduce concomitantemente a constatar esas manifestaciones en donde se articula la angustia y el síntoma, allí donde el cuerpo sufriente comienza a hacerse presente.
Desde Freud podríamos interrogarnos acerca de la conversión histérica, pero este caso desmiente esta hipótesis ya que si se tratara de síntomas conversivos, con la sola aparición de ellos, hubiera resuelto la angustia.
Acá no hay una representación significante en el cuerpo, se trata de la pulsión al desnudo, sin su envoltura formal.
Entonces, el título que convoca a estas Jornadas de la Escuela Brasilera es precisamente lo que nos preguntamos: "la angustia ¿de qué se trata?"
Lacan se ocupó sin duda, de los afectos, tanto que le dedicó un año de su seminario al tema de la angustia.
Debo decir que el establecimiento del Seminario X, La angustia , hecho por J. A. Miller, el modo en que lo ordena y la forma en que nos cuenta acerca de su contenido en las últimas 5 clases de su Seminario del año pasado, 2003-2004, me han posibilitado un abordaje del Seminario de la Angustia que hasta ese momento no había tenido.
Ocurre algo parecido al efecto Lacan sobre los textos de Freud, volver sobre ellos a partir de Lacan nos hace muchas veces, descubrirlos.
Miller nos dice que nos aportará una brújula, entiendo: una orientación, que consiste en trasmitirnos las coordenadas de su lectura, con la finalidad de obtener cierta objetividad respecto del texto.
Uno de los ángulos que Miller destaca en su curso, es que el Seminario X representa un cuestionamiento al privilegio dado por el psicoanálisis, hasta ese momento, a la dimensión especular. En el campo especular el sujeto está asegurado, protegido de la angustia. Allí se reconoce como unificado en su imagen especular, desconociendo, velando lo que lo puede angustiar. La imagen total, recubre el despedazamiento corporal, es lo que no se ve en el espejo.
En el estadío del espejo, no aparece el objeto a , sin embargo si aparece algo que es no especularizable y podemos decir que a medida que Lacan va construyendo el objeto a , va modificando la concepción del registro especular.
¿Cuáles son los antecedentes del objeto a en el registro simbólico? Recordemos que el sujeto se constituye en dialéctica con el Otro, a partir de inscribirse esa marca primera que llamamos rasgo unario, que es una marca significante. Esta operación deja un resto que no es un Uno, que no se escribe como un significante, que tiene otro estatuto y eso quiere decir que hay algo en el Otro que no es significante.
Lo que nos muestra Lacan, es que la red significante no puede atrapar ese objeto concebido como resto absoluto.
Tanto el registro especular como la red significante mostrarán su impotencia para abordarlo.
Lacan elige entonces, la vía del afecto para acceder a eso que no es significante, elige la angustia como camino de acceso al objeto a .
Por eso afirma que la angustia orienta al sujeto hacia lo real. En ese sentido es el afecto más importante para el psicoanálisis.
Este giro hacia lo real, introducido en el Seminario de la Angustia a través del objeto a , nos enfrenta con una nueva estructura de la falta, una estructura no significante, que responde a una topología donde lo central es la función de corte. Corte que separa un resto no significantizable.
La noción de resto ya está presente en la primera enseñanza de Lacan, cuando explica como la necesidad, en su paso por el molino de las palabras se transforma en demanda, en esa operación lo que queda como resto es el deseo. Pero el deseo como tal, tiene función significante en tanto que su referencia es la metonimia.
En cambio en el Seminario X , este resto pasa a ser un resto - órgano, que no será un resto-deseo sino un resto-goce, reacio al significante y por lo tanto reacio a la falicización.
El goce al liberarse de la sujeción impuesta por el significante, se transforma en una función imposible de negativizar. Su condición positiva está expresada por el objeto a , desprendido del significante.
Pero lo que se recorta como nuevo es la aparición de un estatuto inédito del cuerpo, ya no se trata del cuerpo imaginario, sino que Lacan se refiere a un cuerpo constituido por las llamadas "particularidades anatómicas" que se presenta como muy diferente del cuerpo imaginario abordado por el significante.
El interrogante que plantea J.-A. Miller es si Lacan sigue sosteniendo en este Seminario la referencia a la angustia de castración, ya que aparece una crítica sostenida al falo imaginario, y lo que concluye es que se observa un intento de ir más allá de ella. ¿cómo lo sostiene?
El menos phi no es aquí el símbolo de la castración, sino que inscribe una propiedad anatómica del órgano del varón: la detumescencia que afecta a ese órgano en su operación copulatoria.
En esta aparición de un nuevo estatuto del cuerpo, adquiere valor el falo como órgano. Este desarrollo da vuelta a todo el planteo freudiano y también el del mismo Lacan hasta este momento, cuando afirma que "a la mujer no le falta nada" y que, en el camino del goce es el varón el que está perturbado en tanto y en cuanto encuentra el menos phi bajo la forma de la detumescencia.
Por esta razón, la angustia en el hombre no está ligada a ninguna amenaza paterna, sino a un "no poder", es decir a su relación con un instrumento que falla, que no siempre está disponible o que cuando se enfrenta con su detumescencia, desaparece como órgano - instrumento.
Este Seminario pone la detumescencia en el lugar de la castración.
Lacan no considera a la angustia como un disfuncionamiento, tampoco como una perturbación, por lo tanto, no se trata de curarla, entonces ¿qué hacer con ella, cómo responde el analista frente a la emergencia de la angustia?
La angustia es un afecto que tiene la notable propiedad de no engañar, si se sabe orientar a partir de ella. Si por el contrario, se orienta sólo a partir de los significantes, es engañado y alejado de lo real que lo extravía respecto de su deseo y de su goce.
Esta descripción de la angustia como medio, como puente de pasaje a lo real, la ubica como el instrumento necesario para la dirección de la cura, pero es cierto que no siempre su aparición permite trabajar con ella, muchas veces su invasión es tan drástica que requiere de un trabajo de enmarcamiento para poder avanzar y así poder atravesarla.
Para terminar voy a comentarles brevemente el relato de un paciente, aprovechando esta particularidad que Lacan desarrolla en el Seminario X respecto de la angustia en el hombre.
Un hombre de 60 años se interroga no por la presencia de la angustia hoy, sino por el alivio que le produce haberse curado de ella.
"Recuerdo la angustia que me provocaba el deseo sexual incontrolable. Cuando era joven, veía a una mujer con cierto atractivo y era inevitable, buscaba desesperadamente acostarme con ella, muchas veces lo lograba pero el alivio que se producía era por poco tiempo, hasta que aparecía la próxima, desgraciadamente me gustaban todas, siempre podía encontrar algún rasgo que despertara mis ganas. El mundo estaba plagado de mujeres y yo las deseaba a todas, era una sensación horrible que me provocaba mucha angustia, ese deseo inagotable no me dejaba vivir tranquilo. Hoy, después de 20 años de padecer esa angustia, me siento en paz, tranquilo, no tengo mas ganas de tener encuentros sexuales y usted no sabe el alivio que me produce".
¿Podríamos pensar que en este caso, la angustia que sentía este hombre no era precisamente por la presencia incesante de un deseo sexual que le exigía una erección permanente, sino todo lo contrario, la erección sostenida y despertada a cada paso funcionaba en él como una defensa frente a la detumescencia, razón fundamental de la angustia en el varón?
Como podemos observar después de este breve recorrido, encontramos con Lacan algunas respuestas que nos conducen sin embargo, a nuevas preguntas. El trabajo de estas jornadas quizá nos abra un camino a renovados esclarecimientos. Ese es mi anhelo.

Trabajo presentado en las Jornadas Nacionales de la EBP : La angustia ¿de que se trata? Bahía, 12, 13, 14 de noviembre, 2005.

fuente: Nel-amp.com

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