martes, 23 de octubre de 2007

LA NEUTRALIDAD ANALITICA, Juan Carlos Indart

LA NEUTRALIDAD ANALITICA
Juan Carlos Indart

Agradezco la invitación que me han hecho para colaborar en esta tercera noche preparatoria de nuestras Jornadas sobre Más allá de la neutralidad analítica.

Ya se ha señalado que es un tema “caza-bobos”. Por mi parte, diría que es una consigna de trabajo cuya audacia linda con la locura, teniendo en cuenta que se trata de pensar más allá, no de lo que se sabe, sino de lo que no se sabe. Sería más simple si se considerase que la noción de ‘neutralidad analítica’ ha caducado, y se la quiere remplazar por la de ‘deseo del analista’ (por supuesto), pero el resultado será más complicado, porque supone sustituir lo que no se supo por lo que no se sabe.

El caso es que el tema propuesto, en sus primeras consecuencias, indujo a que tres colegas, en la segunda de estas noches, aportasen algo propio sobre lo que huelen como deseo del analista.(2)

Eso es nuevo, y me interesa, de un modo que determina que primero me refiera a lo que aprendí de esas tres propuestas, y que luego diga algo también sobre mi posición en torno al problema.

Llamaremos a las propuestas a),b) y c).Son diferentes, lo que está muy bien, porque no hay concepto común en cuanto al deseo del analista. Lo que me ha interesado es el binario que componen a) y c), sostenidas, por lo demás, por un hombre, la primera, y por una mujer, la segunda. La b), que también sostiene una mujer, está por lo tanto más cerca de la c), pero remite a otros aspectos importantes para reflexionar.

Propuesta a): Está basada en la distinción lacaniana entre el Otro barrado, inconsistente, como zona de ubicación del deseo de analista, y el tipo especial de consistencia del Otro donde se aloja el sujeto supuesto saber. Entonces se establece que el principio de abstención freudiano es germen del deseo del analista, mientras que la neutralidad analítica remite a no interferir en la transferencia como suposición de saber. Se deduce fácilmente que un cumplimiento suficientemente correcto de la neutralidad analítica mantiene al análisis en lo interminable del desciframiento, y que su más allá coincide con las referencias de Lacan sobre el deseo del analista y el final del análisis. Lo que aquí da que pensar, porque es discutible, es que se privilegie de ese modo el principio de abstención, salvando a nuestro Freud, para alojar a los postfreudianos y prelacanianos en los límites, en el mejor de los casos, de la neutralidad analítica. Es proponer una distinción entre las dos nociones que puede considerarse como política, pero como no está puesta demostrativamente, no hace nudo con lo epistémico, y por lo tanto la política y la clínica quedan sueltas, cada una por su lado. Se trata, en las Jornadas, de repensar qué es para nosotros la neutralidad analítica, y eso abarca, también, tanto el principio de abstención, como cualquiera con el que se haya tratado de definir la posición del analista. En esta propuesta, en la medida en que hay identificación acrítica al principio de la abstención, la consecuencia no se hace esperar, y el autor, viendo ahí el germen del deseo del analista, se precipita al definirlo así: un “no responder” como negatividad pura. Y luego se desbarranca señalando que ese es el operador ético de todo análisis. No es ni siquiera por kantismo, sino porque a partir de esa identificación acrítica es inevitable concluir en la certeza de la pretensión de guiar dando órdenes. Cada uno de los hombres tenemos nuestras historias al respecto, pero estamos en psicoanálisis por otra cosa. Puede ser, para algunos, una solución muy real del análisis de su neurosis reconquistar la posición del amo, pero preferiría que se la haga valer en el discurso correspondiente, y que vengan a decir qué aprendieron de eso en la Escuela. En una Escuela de la AMP mandar internamente, que es lo mismo que obedecer externamente, es una tarea de gestión que en nada real hace saber algo más sobre el deseo del analista, salvo que caso por caso los implicados expongan algo sobre esa vertiente de su síntoma. Hay para conversar, sobre este tópico. Tengamos en cuenta que el deseo como negatividad pura, absoluta, es la definición hegeliana del deseo como esencia del deseo del amo, y que está ya muy trazada la trayectoria por la que Lacan concluye ese debate, que mantuvo celosamente, al escribir que el deseo del analista es su reverso. La posición del amo también se conquista por un acto, y bajo la inconsistencia del Otro, y por eso vale la pena mantener abierta esta cuestión.

Propuesta c): Acá se nos dice que la neutralidad analítica en el sentido de Lacan, la neutralidad lacaniana, no es neutral. Y en apoyo de semejante paradoja se recorren citas escogidas de la última enseñanza de Lacan de las que no queda memoria, porque se trata de ir al punto, que es un texto de Eric Laurent sobre “El Tao del psicoanálisista”. Y con eso la autora define la neutralidad analítica lacaniana, el deseo del analista, como vacío que encarna, vacío mediador no neutro, vivificante, que transforma al sujeto en proyecto. Hemos pasado de los argumentos y sus falacias a la poesía y sus imaginaciones. De este deseo del analista me puedo imaginar que es el de una madre en tanto tal, es decir, en el ejercicio de la práctica de la crianza, porque transformar el sujeto en proyecto...sin obligarlo a ninguno... pero que se haga cargo de alguno...porque no es cosa tampoco de tener que criarlo de por vida, ya que la crianza es práctica que hunde sus raíces en lo femenino...vacío mediador vivificante sí... pero los pichones tienen que volar en cuanto parece que aprendieron a hacerlo. Me lo puedo imaginar bastante ¿pero dónde hay un poco de saber sobre hacia dónde deberían volar, ahora que el Otro no existe, y en las Escuelas tampoco?

Del pequeño debate entre nosotros sobre estas dos propuestas vemos surgir dos expresiones encantadoras que las articulan oponiéndolas. Para la a) se nos dice: “la neutralidad analítica es la neutralidad analítica”. Así, con el significante que se significa a sí mismo, el más allá resulta la voluntad de “no responder”. Para la c) se nos dice: “la neutralidad analítica es no neutral”. Así, con el significante que no se significa a sí mismo, el más allá resulta el misterio de lo femenino, que tampoco responde.

Lo que se olvida al escuchar esas propuestas es que se digan, desde el sujeto supuesto saber.

La propuesta b) recolecta saberes expuestos por colegas de otras Escuelas, y así nos transmite que el término “neutralidad” es traducción ( y desvío) del inglés Strachey, respecto de lo que para Freud era “Indiferanz”. Eso me enseñó al menos dos cosas. Una, que el desvío es el desvío tecno-científico-político-militar como tal. Y la otra, que perdimos tiempo al no contar en nuestras discusiones y pensamientos con un principio de “indiferencia analítica”. Eso no nos hubiera apartado de los debates éticos y sus sabidurías, donde siempre se apuntó al logro de la obtención de una cierta indiferencia, y dando a saber respecto de qué: del temor, la piedad, el miedo a la muerte, la ira, las ilusiones de los bienes materiales, las tentaciones del demonio, y etc. Indiferencia, digamos, en relación a las pasiones. Por eso cuando en esta recolección se nos remite a E.Laurent, para quien la indiferencia analítica es indiferencia respecto del objeto, se nos abre una extensa argumentación pensable, porque Lacan ubicó infinidad de veces la nada del objeto a como soporte de las pasiones. Aquí el “mas allá” es simplemente que no hay indiferencia en materia de deseo del analista, y no hay ninguna paradoja, pues basta con considerar que ese deseo no es una pasión. En cuanto a aportar algo positivo sobre el deseo del analista en su “mas allá”, en esta propuesta ya las cosas se desdibujan un poco. No ser indiferente y despreciativo con el otro, y lo inevitable de tomar partido en cada caso. Está claro que con sólo eso no avanzamos más que en las propuestas a) y c).

Lo que se olvida al escuchar la propuesta b) es que se diga, desde unas ganas de aprender.

Sería deseable que de aquí a las Jornadas las propuestas completen el abecedario, porque su listado y su discusión crítica modificaría la debilidad ambiente.

Por mi parte, lo que propongo es atenerse al momento en que Lacan nos dice cuál es “el único sentido que se le podría dar a la neutralidad analítica”.. Eso se lee en El Seminario, libro 17, en el capítulo “La feroz ignorancia de Yavhé”, justamente. En efecto, el contexto es importante, pues Lacan muestra hasta qué punto el Antiguo Testamento es un paradigma en cuanto a la constitución del discurso del amo, y cómo Yahvé, el que se afirma como siendo lo que es, se baña en las pasiones del amor, el odio y la ignorancia. Y es aquí que Lacan enseña que la posición del analista se distingue de la de Yahvé, de la posición del amo, porque no participa de esas pasiones. El único sentido de la neutralidad analítica es no participar de las pasiones del amor, el odio y la ignorancia. Y el “más allá” no es un “más allá”, sino que, si esa no participación se verifica, entonces el analista es y está todo el tiempo “en una zona incierta”. Una zona incierta “oú il est vaguement en quête d’une mise au pas, d’une mise-au-parfum, de ce qu’il en est du savoir, qu’il a pourtant repudié”.(3)

Lo digo en francés, porque creo que ese párrafo debe ser apreciado en su lengua original, y es una evocación intensa y precisa del deseo de saber.

No me inclino pues por un más allá de la neutralidad analítica, porque la zona incierta del deseo del analista sólo adviene en la medida en que se produce realmente la reducción de las pasiones mencionadas, y tal reducción no se obtiene de un plumazo.

Y me inclino, en cambio, por oler solamente en el deseo del analista el deseo de saber otra cosa.


Notas
1) He hecho mi propia reseña, recordando una improvisación.
2) Ver La Carta de la Escuela en movimiento, n°124, septiembre 2003, publicación de la EOL, Buenos Aires, pág.7 y 8.
3) Lacan J., Le Séminaire, livre XVII, L’envers de la psychanalyse, 1969-1970, Éditions du Seuil, Paris, 1991, pág. 159.

Fuente: nel-amp.com/neutra/neutra_Indart.doc

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